Inuyasha: El Alma de Kagoru

Mucho tiempo ha pasado desde que la perla de Shikon fue destruida llevándose consigo toda la maldad que había traído a este mundo, desde ese entonces la paz y tranquilidad han regresado a la era de las guerra civiles. Sin embargo, en el mundo habían ocasiones en las que ocurrían hechos sobrenaturales, tal era el caso de una aldea lejana donde ciertos sucesos extraños ocurrían durante la noche, habían quienes decían que se podía notar la presencia de un espíritu en los campos de cultivo de los aldeanos del lugar, este hecho mantenía a todos allí atemorizados del extraño ente los que perturbaba con su presencia. Los inexplicables sucesos llevarían a que uno de los aldeanos buscara la ayuda de un viejo monje y su joven aprendiz, durante una de las noches éstos irían hasta el lugar donde sucedía el fenómeno con la intención de terminar con el sufrimiento de los habitantes de la aldea.

— ¿Es aquí? —pregunta el monje, quien recién ha llegado al lugar junto a su aprendiz, un señor mayor con una venda en su cara que cubre la mitad de su rostro.

—Así es —responde el aldeano un tanto tembloroso.

— ¡Déjeme esto a mí! —Exclama el monje con plena seriedad y confianza—. He resuelto cientos de casos como este sin mayor problema. Mira esto Toru —dice refiriéndose a su aprendiz quien se pone firme ante su llamado—. Hoy verás a tu maestro en acción, repárate.

—Si maestro —responde enérgico el aprendiz.

— ¡Oye tu espíritu! Preséntate ante mí —grita a los campos con la intención de provocar al ente.

Todo permanece en calma, tanto que solo se puede oír el pasar del viento en una espesa noche serena donde la luna ilumina el lugar.

— ¡Muéstrate! presencia maligna. —vuelve a gritar el monje esta vez sacando un rosario de su bolsillo mientras una gota de sudor baja por su mejilla, ya su confianza está puesta en duda.

En ese instante el ritmo del viento cambia violentamente de dirección y una voz infantil y resonante se deja oír.

— ¿Acaso quieres jugar conmigo? —pregunta la voz en un tono perturbador.

El monje comienza a sudar y la expresión de su rostro cambia denotando miedo mientras el aldeano y el aprendiz están petrificados del pánico al ver todo lo que ocurre.

—Tu no perteneces a este mundo así que vete de aquí —dice el monje tembloroso mostrando su rosario al frente con la intención de detener al espectro.

—Vamos a divertirnos —dice la voz mientras los campos se abren y se deja notar al final la figura de un espíritu la cual de un momento a otro comienza a acercarse al monje velozmente.

El monje, el aldeano y el aprendiz gritan completamente asustados hasta que de un instante a otro sus voces se dejan de oír.

Pasado unos momentos en una aldea cercana a la anterior uno de los habitantes corre rápidamente, asustado y con la urgencia de comunicar algo.

— ¡Anciana Kaede! ¡Anciana Kaede! —replica el aldeano una y otra vez al llegar a la casa de Kaede.

— ¿Qué sucede? ¿A qué se deben esos gritos? —responde alarmada.

—Anciana Kaede. Un joven ha venido de una aldea vecina, algo terrible le ha pasado.

Entre tanto alboroto aparece Inuyasha quien se ha acercado tras escuchar los gritos del aldeano.

— ¿Que sucede? ¿Por qué tanto escándalo? —dice Inuyasha molesto.

—Venga conmigo anciana Kaede —dice el aldeano un poco más calmado.

Tras ir hasta donde se encuentra el joven pueden verlo en el suelo con varias heridas en todo su cuerpo. Varias personas le rodean entre ellos Aome y Miroku quienes han llegado inmediatamente al verlo mal herido.

— ¿Qué es lo que pasa aquí? —pregunta Kaede a los habitantes del pueblo que lo rodean.

—Anciana Kaede —replica Aome—. El joven dice venir de una aldea cercana, aunque no sabemos por qué tiene esas heridas.

—A…yu…da… —dice el joven casi sin poder hablar.

—Llévenlo a mi casa para atenderlo —dice Kaede.

—Anciana Kaede, el joven decía mientras lo traíamos que venía de un aldea cercana —responde un aldeano a Kaede.

—En ese caso debemos ir a investigar —dice Miroku—. Considerando la dirección de donde llegó el joven presumo que viene desde allí —señala con su mano derecha—, de ser ese el caso solo debemos ir en ese sentido hasta encontrar la aldea más cercana.

— ¡Andando Miroku! —exclama Inuyasha.

—Yo también voy —dice Aome.

—En ese caso en marcha.

Los tres se dirigen rápidamente en la dirección en la que venía hasta llegar rápidamente a la aldea más cercana, al llegar pueden observan todo muy tranquilo y sin poder ver a nadie en los alrededores.

—Toda esta tranquilidad me parece muy extraña —Afirma Inuyasha mientras Aome baja de su espalda.

—Tienes razón —responde Miroku—. Además, se puede sentir una atmosfera densa en este lugar.

Los tres miran a su alrededor hasta que minúsculo sonido interrumpe el silencio perturbador del lugar, un pequeño joven sale de entre una puerta cuyo sonido se ha escuchado al abrirse.

— ¡Es un niño! —exclama Aome.

El niño comienza a caminar de forma torpe y extraña con su vista hacia el suelo y espalda encorvada, sus pasos son lentos su comportamiento irregular.

— ¿Qué es lo que sucede? —piensa Aome asustada—. ¿Qué es lo que tiene ese chico?

—Tenga cuidado señorita Aome, hay algo en el aura de este chico que no me agrada —replica Miroku.

Justo en ese momento varias personas más comienzan a salir de diversas partes de la aldea con un comportamiento similar al del primer chico en aparecer.

—Esto no me agrada—dice Inuyasha.

Mientras tanto en la otra aldea el joven que había llegado notablemente herido se encuentra en casa de la anciana Kaede junto con Shipo y Sango quienes han llegado al lugar a ayudar al joven.

—Parece que ya estás un poco mejor —dice Sango con una sonrisa—. Cuéntame, ¿Qué fue lo que sucedió?

El joven terminando de tomar un sorbo de su té responde.

—Mi maestro y yo fuimos llamados a resolver un extraño suceso que estaba ocurriendo en una aldea cercana a esta. Según nos había dicho el hombre que nos llamó se trataba de un espíritu que había estado asustando a los habitantes de aquel lugar. En cuanto llegamos mi maestro comenzó a provocar a aquella entidad pidiéndole que se revelara, sin embargo… —cambia bruscamente su mirada hacia abajo denotando tristeza en su rostro.

— ¿Qué fue lo que sucedió? —pregunta Shipo quien ha estado escuchando atentamente al joven.

El joven toma aire y sigue contando.

—Esa entidad atacó a mi maestro y al hombre que nos había llevado. Pude escapar gracias a que mi maestro se sacrificó para que yo pudiera huir.

—Eso es horrible —dice Sango.

Luego de escuchar la historia del joven afuera comienzan a oírse gritos de los aldeanos, como si algo los estuviese atacando.

— ¿Qué es lo que pasa allá afuera? —se pregunta Sango mientras tanto ella como Shipo se dirigen hacia la puerta a ver lo que sucede.

Varias personas ajenas a la aldea han llegado al lugar justo con el mismo comportamiento que el de los habitantes en la otra aldea donde se encuentran Inuyasha y los demás, los aldeanos han sido atacados por las armas que traen estas personas que dan la clara impresión de estar siendo manipulados. Los gritos que se lograban oír antes provenían de aquellos que habían sido heridos y de quienes avisaban desesperadamente a los demás para que huyeran.

—Estas personas parecen estar siendo controladas por alguna presencia maligna —comenta Kaede estando justo en frente de su casa.

—Esto no me agrada —dice Sango mientras su voz denota preocupación.

En la aldea visitada por Inuyasha, Miroku y Aome los aldeanos con extraño comportamiento han comenzado a atacarlos. Inuyasha y Miroku han comenzado a pelear usando sus puños, sin embargo cada vez que logran derribarlos vuelven a levantarse una y otra vez.

—Son demasiados —dice Miroku mientras aún pelea.

—Tenemos que hacer algo pronto —grita Inuyasha—. Ya me están cansando. ¡Colmillo de Acero!

— ¡Inuyasha! No uses tu espada —exclama Aome—. Estas personas solo están siendo controladas. Debemos encontrar a aquello que los esté manipulando.

—Es cierto, sin embargo… —pausa por un instante Miroku antes de continuar con la idea.

— ¿Que ocurre Miroku? —dice Inuyasha.

—No he podido detectar la ubicación de ningún ser maligno en este lugar.

En ese instante la misma voz escuchada por el anterior monje se deja oír en forma resonante.

— ¿Ustedes también quieren jugar conmigo?

— ¿De dónde viene esa voz? —piensa Aome.

— ¿Quién eres? ¿Por qué le haces esto a la gente de este lugar? —pregunta Miroku mientras mira a todos lados.

—Me llamo Kagoru y estas personas han sido muy malas, solo reciben lo que merecen.

— ¿De qué demonios hablas? —responde Inuyasha exaltado—. Lo único que haces es manipular a tu antojo a estas personas.

Luego de eso los aldeanos que estaban siendo controlados caen desmayados uno tras otro.

— ¿Acaso ya terminó?

—Esté atenta señorita Aome. No debe confiarse.

Durante unos instantes el silencio se apodera del lugar hasta que la voz vuelve a hablar al mismo tiempo que deja notar su presencia al mostrase en frente de ellos provocando que viento forme un gran remolino que los rodea.

—Todas las personas de esta aldea pagaran por lo que me han hecho. Sufrirán el mismo destino por el que yo tuve que pasar —su voz sufre un cambio pasando de ser una voz infantil a la de un monstruo terrorífico.

— ¿Qué es lo que está ocurriendo? —Piensa Miroku—. Es como si esa niña estuviese siendo controlada por una fuerza maligna.

Mientras que en la otra aldea la lucha contra los aldeanos que estaban siendo controlados se ha detenido.

— ¿Qué es lo que dice? ¡Que el alma de una niña fue encerrada junto con un poderoso demonio! —exclama Sango.

—Así es —responde Kaede—. Hace muchos años esa aldea fue atacada por un dominio muy poderoso que destruía todo a su paso. Los habitantes de aquel lugar estaban desesperados y no sabían que hacer, hasta que un día un poderoso monje iría con la única intención de sellar a esa bestia, sin embargo cuando el monje llegó el demonio había capturado a una joven sacerdotisa llamada Kagoru; pero el monje hizo caso omiso a su rehén y encerró a la bestia junto al alma de la niña.

—Qué horror —responde Sango.

Fue un acto desesperado; el monje le devolvió la paz al pueblo pero a cambio sacrificaron la vida de esa pequeña. Es posible que ese ente quiera liberarse de su sello y aterrorizar la aldea como hace tantos años.

—No puedo permitir que eso ocurra. Iré a ayudar a Inuyasha y los demás —Exclama Sango mientras se sube en Kirara—. ¡Andando Kirara!

Sango se dirige rápidamente a la aldea donde se encuentra la entidad maligna que posee a Kagoru, mientras que Inuyasha, Aome y Miroku se encuentran luchando.

—Ustedes también sentirán mi ira —dice el ser maligno materializando su presencia dejándose ver ante todos.

—Puedo sentir una presencia diferente a la de la criatura —replica Miroku.

— ¿A qué te refieres Miroku? —responde Inuyasha.

—No estoy seguro pero es como su esencia estuviese ligada a la de otro ser. Tenemos que buscar de donde proviene toda esta energía maligna que se materializa en frente de nosotros.

Un momento de tensión se vive en el lugar, por un instante el silencio vuelve a estar presente hasta que es interrumpido nuevamente por tentáculos que salen de suelo tomando por sorpresa a Inuyasha, Aome y Miroku.

— ¡Qué es esto! —grita alarmada Aome.

—Ahora ustedes serán mis prisioneros —responde la entidad.

Justo en ese momento se puede oír el rugir de Kirara

— ¡Hiraikotsu! —grita Sango al lanzar su bumerang liberando a Inuyasha, Miroku y Aome de los tentáculos.

— ¿Todo bien por aquí?

—De maravilla —responde Inuyasha arrogante.

—Esa entidad está prisionera en algún lugar de esta aldea, debemos encontrar su sello y reforzarlo antes de que sea liberada.

—Así que de eso se trata —responde Miroku. —En ese caso tendré que ir a reforzar el sello.

—Si pero hay algo más.

— ¿Qué sucede Sango?

—Cuando esa criatura fue sellada se llevó consigo el alma de una niña y desde entonces ha estado prisionera junto a ese demonio, debemos encontrar la forma de liberar su alma y sellar a la bestia.

—Así que de eso se trataba, eso explica la otra aura desprendida por esa entidad. Inuyasha; Sango y yo iremos en busca del lugar donde está el sello, tú y la señorita Aome distraigan a la bestia.

—Entendido Miroku —responde Inuyasha.

— ¡Todos ustedes morirán! Exclama la criatura.

—No es la primera vez que escucho ¡Viento Cortante! —exclama Inuyasha agitando su espada, pero la criatura logra esquivar el ataque y envía un golpe directo hacia él.

— ¡Inuyasha! —grita Aome y luego piensa. —Debe haber alguna forma de separar el alma de niña de ese monstruo, quizás pueda hacerlo con una de mis flechas.

Al mismo tiempo Sango y Miroku logran ver la fuente de la energía maligna, el lugar donde está sellado el demonio.

— ¡Este es el lugar! —dice Miroku. —Hay se sellarlo cuanto antes.

Miroku saca un pergamino de sus ropas pero en ese momento lugar comienza a estremecerse rompiendo el sello casi por completo. Del otro lado Inuyasha continúa luchando con la bestia al mismo tiempo que Aome apunta su flecha.

—Dispersa toda energía maligna y libera el alma de esa niña —dice Aome al momento que disparar su fecha.

La criatura es golpeada y retrocede al momento que se deja escuchar la voz de Kagoru.

—Deben destruir a la bestia, solo así mi alma podrá descansar en paz.

— ¡Hazlo Aome! Dispara de nuevo un flecha. —dice Inuyasha.

Aome toma de nuevo una flecha y apunta, mientras que Miroku y Sango han estado intentando colocar el sello ya que la energía maligna liberada les ha impedido acercarse.

— ¡Debemos acercarnos un poco más Sango!

Aome prepara su flecha y apunta de nuevo.

—No podrás detenerme niña insolente. —grita la criatura a Aome.

—Eso está por verse. ¡Libera su alma ahora! —dice al mismo instante en el que dispara su fecha debilitando al ente haciéndolo retroceder.

En ese momento Inuyasha toma su espada y la agita cortando a la entidad por la mitad liberando el alma de Kagoru mientras que Miroku logra colocar el sello dejando a la criatura encerrada por siempre.

—Parece que ha sido todo —dice Miroku agotado mientras ve a Sango.

—Así parece su excelencia. —responde ella igualmente cansada.

La atmosfera densa se va de la aldea y los habitantes que había sido manipulados comienzan a colocarse se pie uno tras otro, y justo en ese momento puedo oírse la voz de Kagoru. —Gracias por liberar mi alma, ya puedo descansar en paz.

Inuyasha, Aome, Miroku, Sango y Kirara regresan a la aldea a ayudar a todos los que fueron atacados por aquellos que habían sido controlados por el ente. La paz y la tranquilidad vuelven de nuevo a estar presentes, sin embargo quien sabe que otra amenaza podrá atentar de nuevo en un mundo lleno de tantas cosas misteriosas.

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